Teatro

Retablo Jocoso de la Maldita Armadura


Descripción

Cuando Don Rodrigo se sintió morir, sentó junto a él a Doña Cristina, su mujer, en lo que sería su lecho de muerte, y se dispuso a abrirle el corazón y desgranarle sus secretos. Su confesión se redujo más o menos a que, en consecuencia de su mala vida, les dejaba a ella y a su hija Elvira en la más absoluta miseria, lo que se dice con un pie en la ruina y a solo unos días de que los bancos ejecutaran el desahucio. Pero guardaba un as en la manga, un tesoro con el que aún podrían salvarse.

Hasta ahí todo bien, lo malo es que la muerte se lo llevó antes de que concluyera la confesión, sin darle tiempo a desvelar la ubicación exacta del dichoso tesoro. Por eso Doña Cristina ha contratado a la Pascuala, una medio bruja con mucha mano en eso de ponerse en contacto con el más allá, para que haga una sesión de espiritismo y le dé a Don Rodrigo otra oportunidad de redimirse, es decir, de revelar el secreto, es decir, de salvarle a ella el culo.

Y con todo, como si no se fiara demasiado de lo que pudiera reportarle el más allá, Doña Cristina tiene un plan B, más terrenal pero, por eso mismo, más asequible y fiable: casar a su joven hija Elvira con el viejo pero acaudalado conde Don Ludovico. Lo que no sabe Doña Cristina es que su hija Elvira está enamorada del joven Tristán y que Tristán, aunque parece un cursi sin recursos y algo bobo, no está dispuesto a dejarse robar la novia tan fácilmente.

Lo que tampoco sabe Doña Cristina es que el viejo Don Ludovico no es una presa fácil, ya que tiene su corazón empeñado en un antiguo amor al que no va a renunciar ni siquiera a cambio de las carnes jóvenes y vírgenes de Elvirita. Y lo que sobre todo ignora Doña Cristina es
que tanto Elvira, como Tristán, como Don Ludovico tienen sus propios planes y sus propios modos de ejecutarlos. Y lo que unos y otros ignoran es que para la ejecución de esos planes hay que pasar por las manos y el misterioso don de la Pascuala.

Personajes de la obra

CRISTINA - Le ha costado mucho alcanzar el estatus en el que se encuentra y no va a dejar que algo tan trivial como la muerte se interponga entre ella y su marido, o por mejor decir, entre ella y el arrancarle a su marido el secreto que tanto precisa, aunque tenga que bajar a los mismos infiernos. Representa el tesón, el esfuerzo, la disciplina puesta en la consecución de un solo y altísimo fin: el bienestar propio. Su personalidad es arrolladora, su dinamismo no tiene límites. Es de esas mujeres capaces de soportar sobre sus espaldas el peso de su casa, sobre todo si su casa es un inmenso palacio cargado de criadas, joyas y estatuas de valor.

ELVIRA - Es una joven enamorada. Ingenua y simple como el mecanismo de una lanza. Pero en su descargo tenemos que decir que es también una hija ejemplar, dispuesta a sacrificar sus gustos personales y cerrarle las puertas a su corazón con tal de cumplir los sueños de su madre. Antes muerta que felona. Sobre su conciencia recae una carga insufrible: el haber cometido actos impuros, signifique eso lo que signifique. Es una muchacha de su tiempo, tierna, leída, inquieta, algo rebelde, que se debate con dolor entre la obediencia a la tradición y al criterio rancio de su madre y la voz nueva de su joven sangre. Ha heredado de su madre la energía, y si no que se lo pregunten al pobre Tristán, al que maneja con la soltura de una peonza. Sin embargo, por parte de padre ha sacado esa vena de indecisión, ese irritante pensar en los demás antes que en una misma; es un pensamiento irracional, que brota de no se sabe bien de dónde, como una hierba mala; pero tranquilos porque doña Cristina está más que dispuesta a segar esa hierba y echar sal sobre la tierra para que no vuelva a nacer. El caso es que entre la parte que le corresponde al padre y la que le corresponde a la madre, le quedo poco espacio libre en la cabeza y esa pueda ser la razón de por qué tiene la muchacha montado tal circo en la sesera que hay días que no sabe muy bien a qué atenerse.

PASCUALA - Ella pasaba por allí y se le puso todo de cara. Hay gente así, a la que los dioses ponen el dedo encima y ya está, a echarse a dormir. Pascuala es el motor principal de la comedia, entre tanto señorito, conde, pánfilo y damisela, ella es la voz de la calle. Trabajadora, resuelta, improvisadora, medio Sancho y medio Celestina, se ve envuelta en un lío de altos vuelos, pero que ella, por aquello de que el hambre agudiza el ingenio, resuelve sin despeinarse. Viaja al más allá a rescatar espíritus indecisos, recompone virgos, zurce corazones rotos y lo mismo tapiza un sofá que acaba con una crisis económico-financiera. Y se queda tan pancha. Sabe o intuye que al final los ricos seguirán siendo ricos y ella apenas habrá sacado para acallar el hambre un día más. Le vale. Perro viejo, sabe que un día más es siempre bastante.

TRISTÁN - Es el joven enamorado de Elvira. Cuando pierde el control habla en verso. Lo malo es que casi todas las cosas del mundo le hacen perder el control. Si en España hubiera habido por aquel entonces una clase burguesa su familia sería una de esas, pero como de eso no gastamos tendremos que conformarnos con decir que nuestro Tristán es un caballerete sin pedigrí y sin recursos, un hidalgo de poco pelo, uno de esos niños que tienen por blasón la limpieza de su sangre y por diablo la limpieza de su bolsa. Pero es que no se puede tener todo en esta vida. Lo bueno que tiene es que no es demasiado ambicioso. Se conforma con casarse con Elvirita, comer cómodamente en la mesa de Elvirita, cazar en los terrenos del difunto don Rodrigo y, ya puestos, beberse los vinos de la bodega del difunto don Rodrigo. Lo demás le da igual. Para como está la vida, tampoco pide demasiado.

DON LUDOVICO - Es un hombre noble en el pleno sentido de la palabra. Rico y generoso, inteligente y sensible, tiene, sin embargo, el corazón en barbecho por una promesa que se hizo a sí mismo de no amar más que a esa mujer que le robó el corazón en la flor de la juventud. Ahora, con un pie casi puesto ya en el estribo, viene doña Cristina a ofrecerle en matrimonio a su hija Elvira. Pues que ni lo sueñe. La niña es muy mona, no digo yo que no, pero no merece la pena, después de tantos años, romper una promesa por subir al altar con un querubín. Por otro lado, como es un hombre práctico, y se sabe ya en la postrera etapa de su vida, ha decidido resolver sus asuntos por la tremenda. Contrata a una celestina –la Pascuala- para que intermedie entre su amor y sus miedos. Todo ello con la delicadeza que cabe esperar en un hombre de su clase, que no quiere herir la sensibilidad de doña Cristina que, después de todo, es la mujer de sus sueños. Por ella sí estaría dispuesto él a cualquier cosa. Pero a ver quién es el guapo que le dice tal cosa a doña Cristina. Pues menuda es ella.

¿Por qué una comedia?

En cualquier época y lugar la comedia tiene sentido y razón de ser por sí misma. En épocas como la actual, de crisis económica, de tristeza colectiva, de abatimiento ciudadano, la comedia es casi un compromiso. Y no sólo por arrancar unas risas huecas, pueriles, sin más, sino porque la comedia, desde Aristófanes a Muñoz Seca (por citar un espejo en el que evidentemente nos hemos mirado), son el modo útil, ácido, certero y pacífico que tiene el arte de zarandear la conciencia de sus contemporáneos. No pretendemos tanto con esta comedia, válgame Dios, como el de zarandear nada, que para eso ya hay zarandeadores profesionales y cualificados en cualquier medio de comunicación del país, pero sí al menos hacer que el público pase un rato agradable viendo las peripecias de una familia preocupada por llegar a fin de mes –aunque sea una familia noble del siglo XVII-, angustiada por un desahucio inminente, por un embarazo no deseado, por unos prejuicios de clase que la encorsetan y anquilosan, y por cómo se resuelve todo de un modo feliz, al más puro estilo de la comedia de enredo.

Cuadro artístico y técnico

Dirección: Jose Antonio Raynaud
Ayudante de Dirección: Pablo Perez de Lazarraga
Autor: Florián Recio
Producción ejecutiva: Atakama Teatro
Diseño de escenografía: Miguel Gibello La casa de los Titeres. Gustavo Brito
Realización de escenografía: Miguel Gibello, La casa de los Titeres, Gustavo Brito
Diseño de Vestuario: Pepa Casado
Realización de Vestuario: Luisi Penco
Maquillaje y caracterización: Pepa Casado
Diseño de Atrezzo: La casa de los Titeres, Gustavo Brito
Realización de Atrezzo y Moviliario: La casa de los Titeres , Gustavo Brito
Música Original: Juan Antonio Loro
Diseño de iluminación: Jorge Rubio
Técnico de iluminación: Jorge Rubio Y Alfonso Rubio
Fotografía: Francisco Palomino
Diseño Gráfico: Carlos Mohedano